domingo, 1 de julio de 2007

El sentido de mi reunión con Macri

Suena a lugar común, pero no lo es: el período hasta la transferencia del gobierno el próximo 10 de diciembre es una oportunidad para fortalecer los mecanismos republicanos y democráticos no solamente en la Ciudad de Buenos Aires.

Lamentablemente no es un lugar común, puesto que no hace falta esforzarse mucho para recordar que no han sido pocas sino demasiadas las veces en que las transiciones, luego de las elecciones hasta la entrega del gobierno, fueron atravesadas por la inestabilidad, el desorden, el apuro por asumir de los vencedores o las piedras en el camino que dejaban los que se iban.

Es la carencia de las buenas costumbres cívicas, pero también la falta de inteligencia y sensatez, la que nos hace sentir asombro y admiración frente a un hecho habitual en tantos otros países: los gobernantes salientes conversan, intercambian opiniones, en fin, tienen una relación cordial y constructiva con quienes los reemplazarán democráticamente en sus despachos.

En nuestro país, en nuestra ciudad, esta civilidad es imperiosa no solamente para fortalecer valores e instituciones republicanos, sino para compensar la falta de profesionalidad del Estado, que requiere siempre un período demasiado extenso desde que las nuevas autoridades asumen hasta que obtienen conocimiento profundo y cabal de la situación real sobre la que tienen que gobernar.

Estamos dispuestos a dar ese ejemplo que deseo que en poco tiempo sea un hábito. Compartir información, canales de comunicación con actores de la sociedad civil que se han involucrado en muchos de los programas de gobierno, elaboración del presupuesto del próximo año y decisiones sobre inversiones que puedan impactar en los años sucesivos.

Nuestra primera reunión, la del último jueves, me ha dejado una impresión más que positiva que creo, y anhelo, es compartida por las autoridades electas y su más estrecho equipo de colaboradores. Hemos reafirmado, ya no solamente con declaraciones, ese espíritu de colaboración. Hemos creado y firmado un protocolo que nos guiará en estos cinco meses hasta la transferencia de poder, con acciones que iremos haciendo públicas periódicamente.

No olvidamos que el PRO y nosotros fuimos y somos dos fuerzas políticas con apreciaciones e ideas, en muchos aspectos, muy diferentes acerca de cómo mejorar, desarrollar, hacer más segura y más bella nuestra querida Ciudad, pero no nos percibimos como ejércitos enemigos que deban destruirse uno al otro. Esta última y perversa lógica, a quien termina destruyendo es a la comunidad en su conjunto, como lamentablemente tantas veces hemos visto y padecido.

También reafirmamos lo obvio: el traspaso se hará el 10 de diciembre. ¿Por qué, si lo dice la ley, los gobernantes en funciones y electos tenemos que reafirmarlo? Porque escuchamos y vemos que aun campea la insensatez entre algunos otros. Decir que el plazo es largo, que habrá inconvenientes, que es mejor torcer la ley no suena a preocupación genuina frente a eventuales problemas, sino a agorera amenaza de crearlos. Hay quienes no aprenden, y aun después de haber sido derrotados buscan desesperadamente una nueva victoria pírrica. Que en este caso sería, como en el pasado, un nuevo daño a la sociedad y no sólo a quienes veríamos frustrada nuestra voluntad de cumplir con ella y con la Constitución, garantizando un traspaso ordenado y ajustado a la ley.

Cuando Mauricio Macri, Gabriela Michetti, mis colaboradores y yo nos comprometemos en este camino, y reafirmamos que lo haremos con respeto y voluntad de cooperación, no disolvemos nuestras identidades personales ni políticas, al contrario. Porque somos diferentes, nos comprometemos en hacer lo mismo. Porque escuchamos y vemos, lamentablemente, que hay quienes siembran dudas –para crearlas, por supuesto– acerca de esta transición, es que redoblaremos el esfuerzo para devolverle a la ciudadanía un poco de la confianza y esperanza acerca de la política y de sus dirigentes. Si éste y no otro es nuestro comportamiento, el 10 de diciembre será un momento en el que todos tendremos mucho para festejar: las nuevas autoridades comenzarán lo que será quizás uno de los períodos más honorables e importantes de sus vidas, como lo es gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Para mí, y mis colaboradores, será la oportunidad de una rendición de cuentas que muestre que durante este año y medio que pasó desde que asumí como jefe de Gobierno, hemos puesto lo mejor de cada uno de nosotros, pensando en el bien común. Y las porteñas y porteños habrán reencontrado la tranquilidad de saber que hay mujeres y hombres que disputan las elecciones con pasión pero sin rencor. Hay muchas sociedades en las que las ciudadanas y ciudadanos saben que sus dirigentes políticos pelean denodadamente por el poder, porque así es la condición humana, pero se van a dormir tranquilos porque también saben que esos dirigentes están lo suficientemente cuerdos, y que sus disputas tendrán siempre el límite de dejar a salvo el interés general. Ojalá en poco tiempo seamos una de ellas.

*Artículo que escribí para el diario Perfil.

4 comentarios:

Ary Bielawin dijo...

Es fácil percibir, que muchas veces la incredulidad suele convivir con el temor. Y el temor bloquea al pensamiento, impide criticar... paraliza.

De ahí que tengamos la impresión, de que cualquier decisión que tomemos, estará condicionada por el “riesgo país”, cuando en realidad de lo que se trata, es de asumir el riesgo de ser un país.

Una nueva manera de pensar, que implique tener en claro, que la realidad diaria nos exige una actitud, de estar preparados para lo imprevisto, lo dis-ruptivo y aun lo carente de sentido.

Una nueva manera de pensar, que implique advertir, tal como lo hicimos el año pasado al hablar de globalización, que deberíamos preocuparnos por globalizar el pleno empleo, por globalizar la lucha contra la miseria y por globalizar la inclusión de los excluidos.

Una nueva manera de pensar, que permita, que no nos sorprendamos frente a los cambios en las reglas de juego, tal como cuando tomamos conocimiento de que la globalización había llegado para quedarse y antes que supiéramos el significado de la palabra, ya estabamos sufriendo las consecuencias.

Una nueva manera de pensar, que requiera una alta dosis de coraje para abandonar los lugares comunes, las soluciones simples y las recetas infalibles, empezando por aquellos principios de dudosa procedencia que suelen aceptarse como verdades absolutas.

Finalmente, una nueva manera de pensar, que nos haga llamar a las cosas por su verdadero nombre. Porque la categoría de país emergente o país en desarrollo, no dejó de ser un eufemismo, que no nos cambió el status de país del Tercer Mundo. O bien, que cuando hablemos de hipercompetitividad, o nos refiramos a un capitalismo salvaje, tengamos en claro que en nuestro país, sólo se ha jugado un capitalismo infantil, donde existen algunos jugadores grandes que juegan con chiquitos, y obviamente los grandes siempre ganan. Entonces, de qué hipercompetitividad vamos a hablar, cuando ni siquiera existe una verdadera competencia.

También estoy convencido, de que la voluntad, el sacrificio, el espíritu emprendedor, la confianza en nosotros mismos y, por sobre todo, la pasión que pongamos en nuestro accionar, serán los motores para impulsar la puesta en marcha de nuestro país.

Creo que si recuperamos el espíritu de grandeza que estableció los fundamentos de nuestra Nación, podremos vivir una realidad muy distinta de la que hoy nos toca enfrentar.

Porque a la historia o la hacemos nosotros o la padecemos, y esto último, implica aceptar, resignadamente, que la historia es patrimonio exclusivo de los países hegemónicos.

Según las leyes de la aerodinámica, la abeja no puede volar. Lo importante es que ella no lo sabe. En sentido inverso, las cosas se hacen a partir de la convicción de hacerlas y los cambios se producen empezando a cambiar.

Alguien dijo que estamos condenados a la libertad; bien podemos nosotros decir, que estamos condenados, a ser un gran país y tener el coraje de empezar a serlo.

Sergio Smith...

Ontológicamente, desde el punto de vista del ser, el conocimiento de la complejidad implica aceptar la naturaleza múltiple y diversa de lo estudiado, la integración y desintegración de elementos diferentes y contradictorios en diferentes tipos de unidad, la aceptación del cambio, lo imprevisto como forma de expresión y comprender formas irregulares de orden.


La voluntad debe impregnarse de la fuerza de acción que la dirija hacia lo desconocido antes de que el pensar pueda acercarse a ese mundo.

Al impulso de la voluntad que ansía realizar las metas y los propósitos de los suprasensible lo "denominamos" entrega.

Cuando alguien haciendo gala de una ilusoria fortaleza, dice por ejemplo... "yo soy así y no voy a cambiar más".

Solo consigue favorecer la cristalización prematura de sus hábitos en todos los ámbitos de su Ser.

Martín dijo...

Sin duda fue una decisión adecuada, aunque no tendría que sorprendernos tanto. Estoy notando que hay cierto cambio de actitud en los políticos en cuanto a sus relaciones con otros políticos de la facción política -ese es el término más adecuado, puesto que ya no existen partidos políticos orgánicos en la Argentina- opuesta. En vez de verlos como enemigos, los ven como adversarios, y esa una diferencia importante. Con un enemigo uno no puede ponerse de acuerdo en nada. Con un adversario uno puede hacer acuerdos básicos de convivencia.
Le deseo suerte en su trancisión -lo peor que podría pasar es que se convirtiese en un proceso tan tortuoso y bochornoso como el de la trancisión entre el gobierno de Alfonsín y el de Menem en 1989- y en su carrera política futura.
Y le aconsejo respetuosamente que se aleje de Elisa Carrió. Tiene muchas cualidades admirables, pero su mesianismo la va a acabar arruinando.

LOS IMPERTINENTES dijo...

Jorge Telerman: le escribe al blog un rosarino, lo que implica que usted no es una autoridad política para mí. Pero también le escribe un argentino que no es indiferente a la realidad política argentina y que lo considera un hombre público honesto (lo digo sin ingenuidades), lo que implica que usted sí es una autoridad política para mí.
La última elección porteña me decepcionó, sobre todo por el análisis que hizo Beatriz Sarlo: el de considerarla un efecto de la indiferencia por la política que nos legó la crisis del 2001, argumento que seguramente conocerá. Creo (ahora sí quizá ingenuamente) que Macri hizo una campaña muy parecida a la de un mercachifle que quiere vender el elíxir de la eterna juventud. Y (la mayoría de) los porteños le creyeron y "compraron" el producto. Votaron a Dr. Jekyll... Entonces, ya que usted lo conoce y tuvo reuniones con él y su gente, pregunto... ¿el año que viene asume Mr. Hyde?

Diego dijo...

Jorge querido. Esa es la forma de pensar. Ojala mas politicos pensaran de esta manera. Mas alla de las diferencias entre un partido saliente y el electo, lo que importa es rescatar los valores civicos, respetar las instituciones y fortalecerlas. En definitiva... actuar en pos del bien comun.
Te felicito, sos un ejemplo en este sentido. Te agradezco que dialogues con las autoridades que van a asumir despues que vos, permitiendo un mejor traspaso de poder, y una transicion mas clara y ordenada. Sos un ejemplo.
Es un orgullo leer este articulo. Gracias

Diego